La Historia Oculta del Día de los Fieles Difuntos en Jujuy: Por Qué las T’anta Wawas Son un Acto de Resistencia de 500 Años
EXCLUSIVO (1 de Noviembre de 2025): Mientras gran parte del mundo se recupera de Halloween, Jujuy se detiene en un ritual ancestral que huele a pan recién horneado, chicha fermentando y flores frescas. En la Quebrada de Humahuaca y la Puna, miles de hogares preparan la “mesa de ofrendas” al mediodía, uniendo vivos y muertos en una celebración que va más allá del simple recuerdo.
Pero ¿sabías que esta tradición no es solo un acto de fe católica popular? Es un gesto de reciprocidad cósmica, el capítulo final de una épica de conflicto, prohibición y resistencia cultural que se remonta a archivos centenarios. Muchos buscan el “origen del Día de Difuntos en Jujuy” y lo ven como una mera fusión cultural. La verdad es mucho más profunda: es una supervivencia indígena contra la colonización.
El Verdadero Calendario Ancestral: Aya Marcay Quilla, el Mes de los Difuntos
Lo que hoy conocemos como Día de los Fieles Difuntos en Jujuy no “llegó” con los españoles. Ya existía aquí, alineado perfectamente con noviembre en el calendario incaico. Las crónicas de Guamán Poma de Ayala (siglo XVII) lo dejan claro: noviembre era el Aya Marcay Quilla, el “mes de llevar difuntos”.
En la cosmovisión andina prehispánica, la muerte no era un final, sino una transición. Los ancestros, convertidos en mallquis (cuerpos momificados), seguían siendo miembros activos de la comunidad, guardianes de la fertilidad y dueños de la tierra. Durante el Aya Marcay Quilla, estos mallquis eran exhumados, vestidos, paseados en andas y, lo más importante, alimentados para mantener el equilibrio cósmico.
La arqueología en la Quebrada de Humahuaca lo confirma: había una “convivencia cercana con los espacios funerarios”. Los difuntos se enterraban en patios o dentro de recintos domésticos, compartiendo el espacio vital con los vivos.

El Conflicto Colonial: La “Extirpación de Idolatrías” y el Culto Prohibido
Con la conquista española en el siglo XVII, esta cosmovisión andina chocó de frente con la doctrina católica. La Iglesia impuso una segregación estricta: los muertos debían ir al camposanto, un espacio separado. El ritual católico del 2 de noviembre no era para festejar con almas activas, sino para rezar por almas pasivas en el Purgatorio.
Un violento programa estatal y eclesiástico, conocido como la “Extirpación de Idolatrías”, buscó destruir el culto andino a los ancestros. Aquí, los archivos revelan la historia oculta de las ofrendas en Jujuy:
- El Culto a los “Chuchos” (El Archivo de Villagómez, 1649): Manuales de extirpación, como las “Exortaciones” del Arzobispo Pedro de Villagómez, identifican como idolatría central el culto a los Chuchos o Cutis. Este es un término regional documentado en archivos eclesiásticos para referirse a los cuerpos de infantes, considerados “seres sagrados”, que las familias andinas enterraban dentro de ollas de cerámica en sus propias casas. Esto conecta directamente la práctica arqueológica con la persecución colonial.
- La Quema de los Mallquis: Otra táctica en Jujuy fue la quema pública de cuerpos de caciques (mallquis). El objetivo: destruir el objeto material de la veneración ancestral.
- La Resistencia (El Archivo Obispal de Jujuy, 1684): La “Extirpación” no triunfó por completo. Registros eclesiásticos del Archivo Obispal de Jujuy, incluyendo un legajo clave de 1684, demuestran la persistencia de esta lucha. El documento se queja de “abusos” y exige republicar anualmente las instrucciones de extirpación. Esto prueba que, décadas después, el culto andino persistía en Jujuy.
El Nacimiento de la Mesa de Ofrendas: Un Acto de Resistencia Ontológica
Aquí surge la “mesa de almas” que vemos hoy: un acto de resistencia. Prohibido el culto al cuerpo en el hogar (el Chucho en la olla, el mallqui del ancestro), la tradición andina se adaptó para preservar su esencia. La mesa de ofrendas se convirtió en el nuevo espacio ritual doméstico, un sustituto clandestino para alimentar a los ancestros en el mismo lugar que antes ocupaba su tumba.
Los españoles reemplazaron las wakas (lugares sagrados) por cruces. La mentalidad andina las absorbió como entidades vivas… que hoy reaparecen como cruces de pan en las mesas de Jujuy.

El Significado Oculto de las Ofrendas: Decodificando la Mesa (Tradiciones de Quebrada y Puna)

- Las T’anta Wawas (Bebés de Pan): No son solo “pan de niño” o un recuerdo de los “angelitos” (adaptación de una tradición hispano-árabe ). La T’anta Wawa es el sustituto simbólico y permitido del Chucho. Es cómo la cultura andina venera al infante sagrado de la olla (ahora prohibido) bajo forma de pan , un elemento cristiano central.
- La Escalera de Pan: Más que “para subir al cielo” (la visión católica simple ), en la cosmovisión andina de la Puna jujeña es un portal bidireccional: “para que suban y bajen las almitas”. No es una salida; es una herramienta para que el alma visite el Kay Pacha (mundo de los vivos) y regrese.
- Los “Turcos” (Panes): En la Puna, este término se vincula al aymara turkaña, que significa “trueque” o “intercambio recíproco”. Confirma el propósito de la mesa: no un regalo, sino un contrato de reciprocidad (Ayni).
- La Flor de Cebolla: No es un adorno. Es una tecnología ritual: su forma de “cañito” (tubo) permite que el ajayu (alma) beba la chicha y las ofrendas. Demuestra que la visita es un acto físico de comer y beber.
Un Contrato de Vida: El Espíritu del Día de Difuntos en Jujuy
Lo que define la tradición jujeña es este sentido de contrato vital. Las almas llegan hoy, 1 de noviembre, al mediodía y permanecen 24 horas. Mañana, 2 de noviembre, las familias irán al cementerio (cumpliendo el rito católico ), pero el acto central será el despacho de las almas al atardecer, enterrando los restos ritualmente para cerrar el portal.
Como resume la ingeniera agrónoma, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu), Magda Choque Vilca , esta tradición es un vínculo comunitario que procesa el duelo . En sus palabras: “las creencias se corporizan en las mesas para acompañar el viaje de las almas”.
Hoy en Jujuy no se teme a los muertos. Se los espera con fiesta , porque no son fantasmas: son familia que regresa a casa para cumplir su parte del pacto ancestral.
