Aimé Bonpland, el científico que domesticó la yerba mate y terminó prisionero en Paraguay

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Aimé Bonpland: el científico que domesticó la yerba mate y fue pr
Un libro reconstruye los años de cautiverio del naturalista francés en el yerbatal paraguayo

El libro ‘El prisionero del yerbatal’ combina investigación importante y ficción para narrar los años que Aimé Bonpland, el célebre naturalista francés, pasó cautivo en Paraguay tras desarrollar plantaciones de yerba mate en Misiones. La obra propone una mirada crítica sobre la relación entre civilización, barbarie y conquista.

Aimé Bonpland, el naturalista francés que acompañó a Alexander von Humboldt en su célebre expedición por América, es también una figura clave en la historia de la yerba mate. Pero su biografía guarda un capítulo poco conocido: tras establecer plantaciones de yerba mate en Misiones, fue capturado y pasó varios años prisionero en Paraguay. Ese vacío importante es el que busca llenar ‘El prisionero del yerbatal’, una obra que combina investigación importante y ficción.

El libro, publicado recientemente, reconstruye el cautiverio de Bonpland bajo el régimen de José Gaspar Rodríguez de Francia, el dictador paraguayo que lo mantuvo aislado en el interior del país. El autor imagina los años que el científico pasó en el yerbatal, donde continuó sus estudios botánicos en condiciones de reclusión. La propuesta no solo rescata una historia olvidada, sino que ofrece una mirada crítica sobre la relación entre el proyecto civilizatorio europeo y la realidad americana.

Un pionero de la yerba mate

Bonpland llegó a la región del Río de la Plata a principios del siglo XIX y se instaló en lo que hoy es la provincia de Misiones. Allí desarrolló las primeras plantaciones sistemáticas de yerba mate (Ilex paraguariensis), una planta que hasta entonces se recolectaba de forma silvestre. Su trabajo sentó las bases de la industria yerbatera que hoy es un emblema del noreste argentino y de Paraguay. Sin embargo, su éxito despertó recelos del gobierno paraguayo, que lo consideró una amenaza a su monopolio sobre la yerba mate.

En 1821, Bonpland fue arrestado por órdenes de Rodríguez de Francia y confinado en la localidad de Santa María de Fe, en el interior de Paraguay. Allí permaneció cerca de diez años, hasta que logró escapar o fue liberado, según las versiones. Durante su cautiverio, continuó recolectando plantas y escribiendo, aunque gran parte de sus registros se perdieron.

La obra y su contexto

‘El prisionero del yerbatal’ no es una biografía convencional: el autor se toma licencias literarias para llenar los silencios de la documentación importante. La crítica ha señalado que la novela plantea un dilema ético: ¿hasta dónde puede la ficción completar los vacíos de la historia sin traicionarla? El debate es relevante en un momento en que la yerba mate vive un auge global, con exportaciones récord y una creciente valoración de su patrimonio cultural.

Para el lector jujeño, la historia de Bonpland resuena especialmente: aunque su trabajo se centró en Misiones y Paraguay, la yerba mate es un producto central en la economía y la cultura de Jujuy, donde se produce y consume masivamente. Además, Bonpland tuvo vínculos con el noroeste argentino: antes de su cautiverio, recorrió la región y recolectó especies en la Quebrada de Humahuaca y la Puna.

La novela invita a reflexionar sobre cómo la historia oficial a menudo deja fuera a personajes incómodos para el poder. Bonpland, un científico que puso la naturaleza al servicio de la producción, terminó siendo víctima de las mismas lógicas de control que él ayudó a construir.

Fuente: Historia de la yerba mate en Argentina.

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